… Mi amigo se hubiera creído la versión auténtica o no; de lo que sí estoy seguro es de que lo de la vaca le quedó clarísimo…
¿Qué haces por Asturias? Pregunta un amigo que me llama con la sana intención de degustar unas deliciosas ancas de rana en La Bañeza. Pues mira… cosas del Espíritu Santo que a veces se transforma en rayo de sol atravesando un cristal (himen virginal) sin romperlo ni mancharlo; otras se marcha de juerga en compañía de Curro al Caribe dejando al pairo a Obispos y al Opus; éstos olfateando el asueto de la Paloma Sagrada… se lo escojoncian todo, hacen de las suyas y en menos tiempo que una monja tarda en rechazar un mal pensamiento… van y te destierran quedándose tan panchos. Cuando el Espíritu Santo –en quien no creen pues no saben qué cosa es- regrese del período vacacional ya le darán las explicaciones oportunas; a un anciano asexuado se le convence fácilmente, deben pensar los Rouco , Camilos y opusinos de turno..
Si prefieres otra explicación menos teológica pero más inteligible y vulgar: me pasó lo que a un ganadero de mi pueblo: a quien pilló la mujer en la cuadra, detrás de la vaca, subido a un taburete, con los pantalones caídos y el cinto en la mano; ¿qué haces Jacinto?, le petó su mujer con voz destemplada y cara enfurruñada… Jacinto rascándose la cabezota con la mano libre mientras que con la que sostenía el cinto se quitaba los mocos la contesta: pues mira Juliana: “dándole por el culo a la vaca, porque si te digo la verdad no lo vas a creer”. Qué complicado es a veces explicar lo obvio: Jacinto sólo pretendía atar el rabo de la vaca al poste para que no le tirara el cubo de la leche. Esta versión, por lo vulgar, no parecía creíble; la de dar por el culo a la vaca, por lo complicada y la postura acrobática que implicaba tenía todos los visos de credibilidad.
Si a mí amigo le cuento que me desterró una curia diocesana –con el Obispo a la cabeza- inmisericorde, sin entrañas y lo que es peor sin una idea clara en la cabeza que diera pié al diálogo, en connivencia con unos sátrapas miembros del Opus insolidarios, retorcidos, mentecatos y serviles, como consecuencia de un libro y unos artículos que nunca leyeron: “las perlas no se pueden tirar a los cerdos” debió de decir un tal Jesús de Nazaret, de quien también son muy dados a hablar y decir que dijo cosas sin haberlo leído, ni tener puñetera idea sobre quién es. Mi amigo se hubiera creído la versión auténtica o no; de lo que sí estoy seguro es de que lo de la vaca le quedó clarísimo.
Enrique P. Amez
2 comentarios
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Bravo por el comentario!! No hay nada que me entusiasme más que la gente que ha perdido el miedo a decir la verdad, le cueste lo que le cueste. Enrique cuentas con toda mi admiración! y mo te preocupes que lo que se siembra se recoge siempre. Ya les tocará recoger a quienes te han maltratado. De hecho ya se tiene que sentir pura desgracia, porque la mentira y el mal corazón lo avinagra todo. Un grandísimo abrazo, amigo.
fa sisis