… ¿Se le ha ocurrido a la Iglesia, o a alguna de sus queridas instituciones, procesionar las miserias humanas y los andrajos que cuelgan de los Cristos que deambulan al pairo por nuestras calles?…
Festividad del “Corpus Cristi”. Para los cristianos más frágiles de memoria les recuerdo: calles engalanadas, olor a tomillo e hiervas frescas, balcones y ventanas adornadas para dar la bienvenida a Cristo que pasa por los pueblos y ciudades. Viene a mi memoria, con especial cariño, el recuerdo de la procesión sacramental del Corpus Cristi en Toledo: sinfonía de colores desprendiéndose de tapices históricos, toldos que sirven como techumbre de las viejas calles impidiendo que la luz del sol penetre y haga imperceptible la otra luz, la que procede del Cristo hecho turista por unos momentos. La música brota con espontaneidad saltarina y alegre en cada rincón con sabor a viejos caballeros y leyendas urbanas que hacen también hoy presente un ayer preñado de aconteceres que ennoblecen la vetusta ciudad; y de los patios toledanos que enseñan sus maravillas ornamentales en tal ocasión. Miles de turistas que acompañan con las miradas y las cámaras de fotos más que con la fe y el corazón.
Todo un espectáculo: representación de comedia divina presidida por una figura inhiesta, ausente y pontifical llamado Cardenal Primado rodeada por sus fieles y agradecidos acólitos que atienden por el genérico nombre de canónigos. Todo parece como arañado de otro mundo para exhibirlo en una procesión circense y exposición permanente de una mercancía que se pretende vender como divina.
Es el “Corpus”, es “Cristo que pasa” diría el santo Escrivá de Balaguer. Tanto la Iglesia Católica como el fundador del Opus se han empeñado en resaltar los tintes de un día en que pasó por las calles de pueblos y ciudades, como un turista más, el Cristo de la fe.
Cristo no pase, se hace presente en todos aquellos que saborean en común el pan y brindan con su cáliz. Allí está Cristo, recubierto por una ornamentación de harapos, de drogatas, de desheredados, de gentes que acuden de todos los lugares y razas tendiendo una mano en busca de otra mano amiga, hermana, que les saque del atolladero mental o físico en que pueden estar metidos.
¿Se le ha ocurrido a la Iglesia, o a alguna de sus queridas instituciones, procesionar las miserias humanas y los andrajos que cuelgan de los Cristos que deambulan al pairo por nuestras calles?… AMEN…
Enrique Pérez Amez.
4 comentarios
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El problema es que no todo lo puede hacer la iglesia, si bien es sierto todos somos iglesia
y tanto tu como yo estamos llamados a darle la mano al arapiento, no ha señalar la iglesia como descuidada por que nos señalamos nosotros mismos como incompetentes ante los ojos de dios, acuerdate que cada uno de nosotros somos las manos de dios y si no hacemos nada entonces noestamos funcionando para lo que fuimos creados.
Perdón, pero Cristo sólo vino a redimir a los pobres? Los “ricos” no tienen lugar en el Reino de los Cielos? No merece el Señor ser celebrado con cantos, alegría, majestuosidad? Ante su sacrificio, para salvarnos, le agradecemos con tristeza y llanto?
No confundamos religión con filantropía. No levantemos el dedo acusador sin antes hacer un mea culpa. Y si quien escribe el texto, acusando a la Iglesia (todos los bautizados) de superficial, está haciendo algo por el hermano sólo y desamparado, que lo siga haciendo en silencio y ofreciéndolo a Dios. No necesitamos de ídolos en quién reflejarnos. Lo tenemos a Cristo en su cuerpo y en su sangre como guía de nuestras vidas! Gracias!
NO HAY QUE SER CRITICOS CON LODE DEMAS HAY QUE SER NUESTROS PROPIOS CRITICOS….¿QUÉ ESTOY HACIENDO YO POR MI PROJIMO…JESÚS LO ANUNCIÓ LOS POBRES LOS TENDRÁN SIEMPRE…?
Veo sano este cuestionamiento a la Iglesia. Soy hombre de fe, católico por opción. Practicante consciente y gozoso de mi vida eclesial y comunitaria. Pero creo que es muy importante mantener los oídos abiertos a cuestiones como las que se plantean en esta página. El dolor del pueblo, y muy especialmente el de los más humildes, es un grito que busca llegar hasta el cielo; y nosotros, los creyentes en el Señor, debemos ser presencia de la misericordia de Dios, y nuestra opción por los más frágiles debemos expresarla en todas nuestras acciones y celebraciones. La caridad y el amor fraternal han de brillar más que el oro y la plata.